lunes, 12 de octubre de 2015

INDIA 2015 - Parte 1


Mi amigo Dev me pidió durante nuestra despedida en Bombay que escribiera unas palabras sobre mi viaje de este año a la India, sobre los días con él, mis sensaciones en el país y el contacto con chicos sordocegos en esos días. No es fácil, nada fácil, pero voy a intentarlo.

Como había prometido un año atrás, me volví a encontrar con la India. Esta vez el planteamiento del viaje era diferente. Mi amigo Jose Manuel (voluntario de APASCIDE, mediador como yo, Intérprete de LSE y muy muy muy buena persona) me había llamado meses atrás pidiéndome que viajáramos juntos a conocer diferentes proyectos relacionados con Sordoceguera en India. La idea me pareció la mejor del mundo. Miramos el calendario y no contábamos con demasiado tiempo, unas tres semanas. “Da igual sister, nos da tiempo”. Tomada la decisión se lo comentamos a Oskar (director de mi querido Teatro los Sinsentidos, voluntario de APASCIDE y gran amigo de los dos). Hay que decir que aproveché un momento de debilidad con cervezas en mano y poco tardamos en convencerlo. Yo brindando con él y Jose por whatsapp desde Murcia. Este fue el comienzo de un viaje para no olvidar.

Tres días después de una intensa semana de campamento de APASCIDE juntos, nos volvimos a encontrar en Madrid para subir al avión. Después de un vuelo de muchas horas aterrizamos a las 6 de la mañana en Bangalore. Teníamos una ruta más o menos planeada, pero no empezaba ahí. Nuestro chófer indio personalizado estaba esperándonos con un cartel que rezaba “Aranzazu”. Habíamos reservado un taxi que nos llevaría directos a la Fundación Vicente Ferrer (FVF), en Anantapur. Con los ojos aún pegados llegamos a la habitación. Fue dejar las cosas, desayunar y empezar en un mundo nuevo que para mí era ya conocido.



Los cuatro días que pasamos en la FVF parecieron meses. Visitamos los diferentes proyectos; colegios e institutos de niños sordos, colegio de niños ciegos y deficientes visuales, colegio específico de niños con parálisis cerebral, taller de estampado y telas hechas por mujeres con discapacidad, hospitales, etc. Es curioso cómo puede sentirse una en casa estando a tantos kilómetros. Cada segundo allí me recordaba a mi viaje un año atrás, a mi hermano, a las primeras sensaciones, se me iba abriendo algo en mí que tenía cerrado desde que me marché la otra vez.
Tuvimos la oportunidad de vivir algunas experiencias nuevas muy importantes para mí.

Una de ellas, visitar la casa y el poblado de mi niña apadrinada. Fuimos los tres y una pareja catalana que habíamos conocido en la FVF. La espera se hizo muy larga. Aquella mañana no nos dejaron salir del recinto para hacer visitas ni para ir al pueblo, había huelga y era peligroso. De hecho, vimos entrar a los piquetes en las oficinas obligando a parar a los trabajadores que salieron en masa a lo “efecto fairy” hacia sus casas. Esperamos hasta después de comer. Acompañados por uno de los guías-traductores de la fundación y por el chófer, salimos hacia el poblado. Al llegar nos recibieron con una ofrenda, pintando nuestra frente con el tercer ojo y algo más. A mí parecía que querían disfrazarme porque acabé con la cara entera amarilla. Vi a mi niña apadrinada con una tímida sonrisa, su padre serio como una tabla de madera y su madre...su madre...si existen los ángeles, esa mujer debe ser el molde para crearlos. Dulzura en estado puro. Además de la familia nos recibía todo el pueblo a la puerta de la casa. Pasamos para hablar tranquilos. La casa eran cuatro paredes oscuras con un somier y algunas sillas de plástico preparadas para nuestro recibimiento. Después de las presentaciones, la madre empezó a preguntar por mi familia. Con la sonrisa más bonita que podáis imaginar, los ojos inyectados de emoción contenida y la voz más dulce del mundo . Se dirigía a mí, sin quitarme la mirada, me hablaba en Teluru como si yo fuera a leer sus palabras en aquella sonrisa. Preguntó por mi familia, si estaba casada, por mi trabajo. Me dio las gracias no sólo por apadrinar a su hija sino por ir a visitarles desde un país tan lejano. Le hablé de mi decisión de apadrinar a un niño con discapacidad sensorial porque trabajaba con personas sordociegas y podía mandarle cartas en Braille. Mi niña me enseñó su regleta y punzó mi nombre en hojas de periódico dobladas. Nos regalaron pulseras hechas con hilo, aquel día era costumbre comprar una pulsera y regalarla a tu hermana mayor, a mí me la dio mi niña. Yo le di algunos regalos, entre ellos el parchís adaptado para personas ciegas. Le dije que se lo llevara al cole para jugar con los compañeros. Las primas y amigas del pueblo tapaban la poca luz que entraba por la única puerta. Estábamos unas veinte personas en diez metros cuadrados.

Le pedí a Oskar que hiciera “magia”. Hace un juego muy bueno de luces que pasar de una mano a otra, se la traga y la escupe, etc... Al principio algunos niños se asustaban, pero luego pidieron más y más. Fue un momento único, aquellas caras de emoción. Sentirse en familia estando tan lejos.
Después salimos fuera al “momento foto”. Si habéis estado en ciertas zonas de India, sabréis a lo que me refiero si digo que uno se siente como “Angelina Jolie” en la alfombra roja.



Nos despedimos y montamos en el jeep donde ya no pude más y se me saltaron las lágrimas. El coche se alejaba mientras los niños del pueblo nos seguían. Yo sólo podía mirar a esa madre, que aún me lanzaba su sonrisa.



Aquel mismo día, al terminar la visita al poblado, llegamos a un cole de niñas sordas. Esa mañana nos habíamos estado preparando un pequeño cuento en Lengua de Signos Teluru. Compramos los diccionarios elaborados en la FVF y estudiamos signos básicos para la representación.
Al entrar al colegio, las niñas se abalanzaban a nosotros al ver que movíamos las manos. Se sentaron en unos escalones para ver nuestra pequeña obra. Interpretamos el cuento “Por cuatro esquinitas de nada”. Fue bastante emocionante ver que nos entendían y disfrutaban.
Después les enseñamos un mensaje en vídeo de nuestra amiga Sara Crespo. Sara fue voluntaria y cooperante en la FVF como profesora en los colegios de niños sordos y fue una de las que elaboró el primer diccionario de la Lengua de Signos Teleru. Es una gran profesional y una persona única. Algunas de las niñas, las más mayores, se emocionaban al ver el mensaje. Al terminar, nos pidieron sin parar “por favor, decirle a Sara que venga”.




Bueno, un descansito que sino no hay quien lea esto del tirón. Esta vez prometo acabar la historia, sobre todo porque me lo pidió mi amigo Dev y con él pasamos lo últimos días de viaje.











martes, 30 de septiembre de 2014

India - Deafblind Proyect


La India es ese país que le da nombre a los colores, un lugar lleno de desastroso ruido y, al mismo tiempo, curiosa calma.

Me siento mirando al mar de Panaji, pensando en ellos. ¿Cómo vivir en la oscuridad rodeados de tanta luz? ¿Cómo cruzar la calle sin percibir el intenso ruido de los camiones con su letrero de “Horn is OK”? Pero India también está llena de olores, de movimientos y de sensaciones, me digo. Los imagino sobre la vibración de un rickshaw, dejando que el viento les roce la cara. Los imagino paseando por la calle entre el hedor de las basuras apiladas y el sabor de las especias en el viento. Los imagino un día como hoy bajo la lluvia del monzón, jugando con a atrapar el agua como hacía Pedro.

Cuando llegamos hace una semana no podía imaginar que realmente fuera a conseguirlo. Sólo sabía del proyecto por un vídeo en youtube que me llevó hasta su página web. Tenía un teléfono y una dirección, un teléfono y una dirección de India. ¿Será fácil encontrar un punto exacto en uno de los países más grandes del mundo? Ya había dado el primer paso, estábamos en la ciudad exacta, Panaji, capital de Goa. Después de unas diez llamadas en tres días y más que nervios alguien descolgó el teléfono. Sería fácil transcribir la conversación si me hubiera enterado de un 70% pero mi comprensión del inglés-indio por teléfono aún no está demasiado desarrollada. Básicamente intenté decir: “hola, soy española, en España trabajo con personas sordociegas, quiero conocer su proyecto”. Y claro, ahora puedo imaginar la cara que se les debió quedar, después de hablar con tres personas diferentes y repetir lo mismo en mi inglés malaguita, “hello, i am spanish, in spain i work with deafblind people...” . Recibí o, mejor dicho, intuí, una respuesta. Sí, podía ir hoy mismo a visitarles y no tenía ninguna intención de desperdiciar esa oportunidad.

Mi hermano y yo llegamos al Parade Institute, donde se encuentra la oficina central de Caritas en Goa. En cuanto nos vieron aparecer ya sabían que era la “guiri” que había llamado por teléfono. “Esperen sentados, gracias” (en inglés-indio). Poco después llegó el responsable del “DeafblindProyect”. Reflino, además del responsable del proyecto es educador. Nos sentamos con él a hablar del trabajo que hacían y del que se hacía en España. “Tenemos un centro de recursos donde hay máquinas para trabajar fisioterapia, un aula y un aula multisensorial. Es una pena porque esta semana están los niños de vacaciones por las celebraciones del Ganesha, pero si queréis ahora vemos unos vídeos y mañana volvéis para enseñaros el centro de recursos y presentaros a algunos de los niños”. Nos llevó hasta su despacho, pasamos por un descansillo lleno de bolsas y bolsas de ropa y por un estrecho pasillo. En la puerta se podía leer “Caritas-Goa” y “Sense Internacional”, las asociaciones colaboradoras del proyecto. Entramos a una pequeña habitación, con tres escritorios y un viejo ordenador. Las paredes empapeladas con fotos de las actividades que habían realizado me recordaron a mis campamentos de APASCIDE y a mis niños de España. Los vídeos que nos mostró no eran nada nuevo para mí, ya que había hecho los deberes estudiándome muy bien cada uno de ellos antes de tener el valor de visitarlos. Pero verlos allí, frente a la vieja pantalla, rodeada de fotos de niños que había visto en vídeos desde España un año atrás, sentada junto al hombre que los conocía y me hablaba de ellos, aquello fue lo que lo hizo diferente...

Y, con la promesa de volver a la mañana siguiente, nos marchamos...

Ahora, frente al mar, vuelvo a pensar que la India es ese país que le da nombre a los colores, un lugar lleno de desastroso ruido y, al mismo tiempo, curiosa calma.


CONTINUARÁ...



martes, 24 de junio de 2014

La tercera planta

Dicen que hay un edificio en Málaga donde el ascensor habla: “Este ascensor sube, planta tercera”. En esa planta hay dos despachos donde siempre encuentro a tres personas que son como una pequeña familia para mí.
Esta es la historia de la tercera planta...

Mi trabajo tiene dos cosas claras, al menos desde que estoy en este mundillo; la primera es que nunca vas a ser rica y la otra es que te dará igual porque es el trabajo más bonito del mundo.
Con lo que no cuentas es con las personas que encuentras en el camino.

Cuando llegué a Málaga hace un año y medio, estaba a trozos, sin fuerzas.

Unos meses después de morir mi padre me ofrecieron trabajo en Mijas y ahí estaba Chary para convencerme. Chary es mediadora como yo, de hecho empezó el mismo año que yo, sólo que ella en Málaga y yo por las islas. Ama su trabajo, algo que comparto totalmente y ella lo sabe. Cuando vio la oportunidad de engancharme cerquita no lo dudó. Creo que no estaría aquí a día de hoy si no fuera por ella, por cómo me animaba, “Málaga está creciendo, yo te quiero aquí conmigo, compi”. No podía creerme que fuera a tener una compañera de verdad, es decir, otra mediadora en la misma ciudad con la que desahogarme y compartir dudas, avances, cualquier cosa...me parecía tan increíble. Pero Chary es mucho más que una compañera, es una amiga, una sonrisa en los días buenos y un abrazo en los malos, y viceversa también, es mi fuerza cuando estoy débil y no sé cómo agradecérselo cada día.

El día que llegué por primera vez a trabajar en la delegación de la ONCE de Málaga, no sabía muy bien dónde ubicarme. Había faltado mi usuario a clase por primera vez y estaba totalmente perdida. Llegué a la tercera planta presentándome a todo el que me encontraba. Y allí estaba Natalia, sonriente como siempre. Natalia es una de las trabajadoras sociales de ONCE y, además, es la coordinadora de los casos de sordociegos adultos en Málaga, así que trabajamos con ella tanto Chary como yo, y puedo decir que es la mejor coordinadora que me he cruzado en estos años, profesional y cercana al mismo tiempo. Aquel día me ofreció un despacho al lado del suyo que estaba vacío, “Chary se pone aquí”. Ahora, con el tiempo, analizo la situación y qué debió pensar de mí en aquel momento porque me faltó hacer una fiesta para inaugurar el despacho. “¿Un despacho para mí?”, no sé cuántas tonterías pude decir con la excitación de pensar en un despacho propio (duró bien poco, por cierto). Le pedí que me hiciera fotos sentada en el escritorio, y ella tan natural y feliz. Su cariño desde el primer día me emocionó. Natalia es ese abrazo fuerte al marchar que hace que siempre tengas ganas de volver.

Poca gente sabe que justo después de aceptar el trabajo en Mijas, nada más colgar el teléfono, lloré. Lloré sin parar durante horas. No podía hacerme a la idea de dejar Alcañiz para siempre. Entre la pérdida de mi padre y el cambio de vida estuve triste durante meses. Aparentemente bien pero realmente rota día tras día.

Una mañana estaba en la ONCE y Chary me invitó a desayunar con Ricardo, otro compañero de la maravillosa tercera planta. Ricardo es especialista en integración laboral. Perdió la vista de joven, a veces me siento muy egoísta al pensar que esa oscuridad que le ha tocado nos da luz a los demás, a mí cada vez más. Aquel día estábamos charlando entre cafés, pitufos malagueños y zumos de naranja natural. La conversación no recuerdo de qué iba, la verdad, pero lo que nunca se me olvidará en la vida es cuando me dijo “Arantxa, ¿estás triste, verdad? Te noto triste”. Tuve que aguantar el nudo en la garganta como pude mientras le explicaba un poco mi situación: la muerte de mi padre, dejar Alcañiz, la deuda de la herencia... Aquel hombre que no sabía nada de mí, era capaz de verme como nadie lo había hecho nunca, debajo de cada capa, desmontándome. Único. Ricardo es esa voz que me da paz, esa conversación que no acabarías nunca si pudieras, esas risas mañaneras.

Cuando llegué a Málaga hace un año y medio, estaba a trozos, sin fuerzas.
Cuando llegué a Málaga me encontré con tres personas que no esperaba, tres ingenieros del alma que, sin darse cuenta ni tan siquiera intentarlo, me fueron reconstruyendo poco a poco. Con cada desayuno, cada reunión, cada cerveza antes de ir a casa, cada “comida de empresa”, y, sobre todo, con cada abrazo día tras día.
Son mis compañeros, mis amigos, y mi familia de la tercera planta.

GRACIAS SIEMPRE, OS QUIERO.


Mi mano y la de Chary



domingo, 13 de abril de 2014

¿Mediadora de...cómo? (Parte 2)


  • Entonces, si son ciegos y sordos al mismo tiempo, ¿cómo se comunican?

Después de esta pregunta te paras por un segundo. A veces tienes muchas ganas de hablar de ello porque te apasiona pero, otras muchas, te da una pereza enorme. Porque la respuesta a esta pregunta nunca es una y nunca es exacta. Tu vena de profesional te anima a explicarlo lo mejor posible pero sabes que siempre vas a acabar resumiendo porque, en el mundo de la sordoceguera, cada persona es única.

En ese segundo que tú te has parado a respirar y a analizar por dónde empiezas, recibes otra pregunta.

  • Con el tacto, ¿no?

Un segundo más para coger aire y empiezas con LA CHARLA.

  • ¿Con el tacto? Depende. Verás, la sordoceguera NO se define como la perida total de ambos sentidos sino que puede ser total o parcial. Es decir, hay muchas personas sordociegas que pueden tener restos auditivos o visuales, o ambos. La comunicación va a depender de las características de la persona...

Aquí sabes que ya no hay vuelta atrás, que más vale que te sepas bien la teoría y la sueltes rápido porque sino esto va a durar horas.

  • Puede ser una sordoceguera congénita o adquiria, lo que va a determinar las características de la persona y el acceso al lenguaje. Así, de los diferentes sistemas de comunicación, elegiremos el que más se adapte.
    Si la persona ha adquirido previamente el lenguaje oral y después la perdida auditiva, podemos comenzar con la escritura de mayúsculas en la palma o el sistema dactilológico (abecedario de la lengua de signos), por ejemplo, así construiremos las frases letra por letra en su mano.
    Si la persona ha sido sorda, usuaria de la lengua de signos, pero ha sufrido una pérdida visual considerable, por ejemplo en el caso de que tenga Síndrome de Usher (sordera más retinosis pigmentaria), en este caso nos adaptamos al resto visual que tenga. Desde lengua de signos en un campo visual reducido, hasta lengua de signos apoyadas. La persona se apoya en tus manos así (aquí le haríamos a la persona que le estamos explicando todo este rollo el típico ejemplo de “hola me llamo Arantxa”) y tú signas con normalidad.
    También hay casos en los que la persona sordociega aún tiene un resto auditivo, así que usamos lo que se conoce como “susurro” pero que en realidad es hablar bastante alto al oído.
    Y hay muchos sistemas más, como los puntos del braille en las falanges de los dedos o sobre ellos. Lo que sea, lo importante es la comunicación.
    Te hago un pequeño resumen porque sino podemos pasarnos aquí el día entero...

  • ¡Qué interesante! Espera, pero, ¿si es sordociego de nacimiento? Porque yo una vez vi una película de una niña, creo que se llamaba “El milagro de...” no sé qué.

  • “El milagro de Anna Sullivan”. Sí, es la historia de Helen Keller, que se quedó sordociega a los diecinueve meses por una enfermedad. Es una historia real.
    En el caso de un niño con sordoceguera total de nacimiento empezamos desde cero, desde hacerle comprender el simple hecho de que hay personas y cosas a su alrededor, que existe un mundo fuera de su cuerpo. Y, como en la película sale, que las cosas y las personas tienen nombre, es decir, intentar que descubra el lenguaje.
    Como dijo un gran hombre, descubrir que el mundo no acaba en la punta de tus dedos, sólo es el comienzo. Lo importante, como le digo siempre a las madres con las que trabajo, es la COMUNICACIÓN, el cómo es lo de menos a veces.

¿Te has parado a pensar cómo te sentirías si no pudieras comunicarte? Lo dejaremos para el próximo capítulo...

Esto es el breve resumen que le suelo hacer a la gente que se interesa por mi trabajo, pero este pequeño-gran mundo abarca mucho más. Para los quien esté interesado, pongo aquí el enlace a, lo que yo llamo, la Biblia de la Sordoceguera.




Os dejo también un vídeo que me encanta...






sábado, 12 de abril de 2014

¿Mediadora de...cómo? (Parte 1)

Hoy vamos a analizar una de las situaciones cotidianas que se nos suelen dar a los que trabajamos en este mundillo tan interesante y desconocido.
Va dedicado a mis compañeros, a los que admiro y que para mí son un ejemplo. En especial a J., con quien viví una vez esta misma conversación.

- ¿En qué trabajas?
- Soy mediadora de personas con sordoceguera.

Aquí suelen darse las siguientes reacciones:

  1. Uff, ¡qué duro! ¿No?.
  2. Vaya, ¡qué interesante! ¿Y qué estudiaste?
  3. Espera, espera...¿sordos y ciegos? ¿A la vez?

Sea cual sea la reacción, número uno, dos o tres, no tienen ni idea de lo que les estás hablando. Analicemos qué tipos de personas cuadran más con cada una.

La número 1:

Esta persona ha oído sordo y ciego en una misma palabra y se ha perdido. Se ha quedado en blanco y no es capaz de reconocerlo. Une ambos conceptos y, aunque no haya visto a un sordociego en su vida, da por hecho que es un trabajo duro. Y, a veces puede estar en lo cierto, pero yo jamás definiría este trabajo como algo duro. Hay momentos difíciles sí, pero no es un trabajo “duro”, porque hasta los momentos más difíciles tienen un pequeño brillo. (Esta es mi humilde opinión).

La número 2:

Probablemente esta persona quiere ligar contigo y, aunque no sabe de qué mierda estás hablando, necesita transmitirte que para el/ella es algo interesante. Y va más allá, te pregunta qué has estudiado, al menos muestra interés por acercarse a saber la verdad sobre tu misterioso trabajo. También se puede dar el caso de alguien que no quiere ligar contigo, claro. Esta puede ser una persona muy interesada en temas sociales y acaba de flipar escuchando “sordociegos”.

La número 3:

Mis preferidos, los más comunes. Los que de verdad te están escuchando y contestan con sinceridad. Es la primera vez que saben de la existencia de esa palabra y no les da miedo reconocerlo. Abren los ojos, casi como búhos en la noche, con la esperanza de encontrar respuestas.

Sea cual sea el tipo de persona con quien has decidido comenzar esta conversación, siempre o casi siempre, acabará igual:

- Entonces, si son ciegos y sordos al mismo tiempo, ¿cómo se comunican?

Y ahí, amigo mío, estás perdido...

CONTINUARÁ...






lunes, 7 de abril de 2014

Cuento triste

"Erase una vez una excursión a la granja-escuela.
Erase una vez un colegio público que iba de excursión a la granja-escuela.
Erase una vez un aula de educación especial en un centro público que iba de excursión a la granja-escuela.
Erase una vez un alumno del aula de educación especial de un centro público que iba de excursión a la granja-escuela.
Erase una vez un alumno en silla de ruedas que estudiaba en un aula de educación especial de un centro público y EL LUNES NO TUVO COLEGIO."

De cuento tiene poco esta historia, por triste que parezca. Madres que tiene que escuchar “El AMPA no puede costear un autobús adaptado”. ¿Qué os parece? Pues así es, esta situación se ha dado hoy mismo. “El lunes no traiga a su hijo al centro”, palabras que tuvieron que soportar las madres de estos niños cuya silla de ruedas les impedía asistir a una excursión programada a la que SÍ irían sus compañeros, esos que tienen la suerte de tener los pies en la tierra (literalmente).

Que la discapacidad no era rentable, ya nos había quedado claro. Pero pienso en esos padres y madres que forman el AMPA, de los cuales son socios las madres de los alumnos afectados. Intento averiguar cómo han tenido el valor de excluir a niños de una actividad por no gastar algo más de dinero. La única explicación que se me antoja posible es la lógica, esos padres y madres que llevan las cuentas del AMPA no tienen hijos con discapacidad y no lo ven como algo que les afecte. 


Triste, muy triste.

Imagen del cortometraje "Cuerdas"
(muy recomendable)

jueves, 20 de febrero de 2014

He...

He visto pobres que son ricos y ricos que son pobres.
He conocido a sordos que saben escuchar y a ciegos que saben ver.
He visto un desierto en el mar y el mar desierto.
He paseado por terrenos sin tierra y he nadado en agua seca.
He caminado sin suelo ni aceras.
He soñado un mundo sin barreras.




viernes, 14 de febrero de 2014

¿Amor?

Llego a clase y veo a Marta sentada, un "buenos días" rápido mientras suelto el bolso y saludo a la tutora y la auxiliar. Observo de reojo cómo me mira fijamente mientras empieza a hacer malavales con su cuerpo para bajarse del sitio. Los pies ya en el suelo mientras los brazos luchan por tener un apoyo, lo consigue. Desde detrás de la mesa apenas se le ve la cabecilla. No me quita la mirada.

- ¿Dónde vas, Marta?- Dice la tutora.

- "Arantxa"

Con sus manos de cinco centímetros hace mi signo.

ESO ES AMOR


jueves, 13 de febrero de 2014

Nada

No te cuento nada, tanto tiempo sin contar que ni sé si cuento.

Hace unos días le decía a mi compañera Chary, a la que adoro, que no soy nada. A veces me siento como una especie de fraude. Me apasiona mi trabajo y hay cosas que no hago mal del todo pero no termino de convencerme a mí misma. Pienso en mis compañeros y me siento pequeña. Es cierto que cada uno lleva casos muy diferentes y de algunos apenas sé nada. Pero, a veces, creo en ellos más que en mí. Me inspiran sin saberlo, estén donde estén, los conozca o no.

Creo que este sentimiento de "pequeñita" me ha hecho no tener ganas de escribir sobre mi vida y mis experiencias. En plan "quién soy yo para transmitir nada".

Así que no os contaré nada de nada.
No diré que una mano de cinco centímetros lucha por hacer las letras de su nombre.
No hablaré sobre mis lágrimas contenidas al ver su baile, entre toques en el cuerpo y vibración.
No pienso contar cómo me aprovecho cada miércoles de esos abrazos y esos "¡cómo te quiero!" antes de entrar a la piscina.
No diré nada de la sensación de mover ese cuerpo rígido en el agua ni de cómo su mirada y su risa me envuelven como el lenguaje nunca lo ha hecho.
Y, por último, me callaré cuánto echo de menos a esa niña cada día.

No pienso decir nada.




Por ahora...



sábado, 30 de noviembre de 2013

Mi Rutina

Es curioso que cuanto más se llena mi vida de sordoceguera menos capacitada me siento para hablar de ella. Hace meses que no escribo nada sobre mi trabajo o algún voluntariado y creo que puede tener algo que ver con estas pequeñas crisis de “quién soy yo para escribir de nada” o puede que sea realmente vaga y me quede muy bonita la otra explicación. Sea como sea, me gustaría retomar un poco el hilo de este blog y hacerlo algo más interesante para los tres gatos que me leen entre perfil y perfil de Facebook.  Seguramente no lo conseguiré, así que pido disculpas de ante mano, pero mola esto de proponérselo y auto convencerse. Empezaremos con este post lleno de buenas intenciones y seguramente nada interesante, cada uno ya tiene  su propia vida como para estar pendiente de la mía.

Como conté un poco en mi historia, desde que empecé a trabajar siempre ha sido fuera de Málaga hasta que, hace un año, una situación nada agradable me trajo a casa de nuevo. Desde febrero a final del curso pasado trabajé en La Cala de Mijas con Andrés, un niño de tres años que me conquistó por completo, pero aún quería volver a trabajar con Alicia y tenía muchas dudas. En septiembre tuve que tomar la decisión y finalmente me quedé en Málaga. Pero no me dieron el caso de Andrés ya que me querían para Málaga capital, así que aquí estoy y esta es mi rutina después de todo:

LUNES

Paso un par de horas con la que llamaremos Marta y a la cual os presentaré más detalladamente en otro post digno de ella. Es una niña de tres añitos, escolarizada en un aula específica de un cole bastante religioso. Es increíblemente inteligente y despierta. Cada día me recuerda más a Alicia, a veces esto me encanta pero otras es demasiado duro que se parezca tanto a alguien a quien extraño cada día.

Después de “Arantxa se va a casa” y un beso de la pequeña Marta, nada más lejos de la realidad, Arantxa no se va a casa. Me subo al coche y cruzo media Málaga para aparecer en un curso de cocina. Ahí me espera A.B., su intérprete y sus compañeros. De esto sólo diré que la mitad de las veces me voy a casa con el estómago lleno y que A.B. se supera día a día.

Sé que el lunes es duro para cualquier estudiante o trabajador  pero, en mi caso, tiene una parte muy positiva. Es el único día que tengo toooooooooda la tarde libre. Siempre me sale algo que hacer y siempre es relacionado con el trabajo, pero hace un par de semanas decidí que eso tenía que acabar y me prohibí a mí misma hacer nada medianamente obligatorio esa tarde.

MARTES

Vuelvo con Marta para que me alegre una mañana más, otras dos horas, si dependiera de mí serían muchas más. Cuando termino mi “Arantxa se va a casa” y mi beso entre babas. Esta vez si me voy a casa por lo general. Hasta las cinco de la tarde se presupone que tengo mucho tiempo pero a mitad de mañana los minutos suelen tener prisa y no se dejan atrapar para ser aprovechados.

Después, me voy a ver a J.L. a la residencia donde pasa las tardes de los martes y jueves. Me cuenta qué tal la semana mientras sus compañeros vienen a saludarme, algún beso que otro y más de una historia que contarme. Echamos unas partidas de dominó entre compañeros. Nos pasamos el turno rozándonos la mano. J.L. toca una a una sus fichas, escoge la que va a poner y la coloca con precisión. Tras varias partidas nos avisan de que ya es la hora de irnos. Nos montamos en la furgoneta de la asociación. J.L va detrás con algunos de sus compañeros y yo charlo mientras con una de las monitoras que va al volante. “Ya hemos llegado”.  (Si alguno de vosotros aún está leyendo, habrá merecido la pena.)

 Empieza el baile, sí el baile.

¿Una persona sordociega puede bailar? Sí, puede y realmente bien.

J.L. se coloca frente al espejo como todos sus compañeros. Primero el calentamiento, desde atrás le voy indicando en su cuerpo los movimientos que dicta la profesora. La mayoría se los conoce y con un simple roce ya sabe qué viene a continuación. Después empieza el baile, y no cualquier baile, el estilo lo definiría como hip-hop o funky, sea como sea es moderno. La profesora marca los pasos y yo los copio en mi cuerpo, delante de él, le llevo sus manos hacia la parte del cuerpo que realiza el movimiento. Claro está que yo no tengo el arte de la profesora, se lo explico con lo que yo llamo “pictobaile”, movimientos básicos, el arte lo pone cada uno, y J.L. pone mucho de esto. Es muy emocionante.

Acabado el baile, vuelta a la residencia y eterna despedida repasando cada día de la semana en que vamos a vernos, y son muchos.

A las 20:45 o 21:00 llego a mi casa y creo morir por momentos, me encierro con los pies dentro del edredón dando vueltas por páginas web y Facebook.

MIERCOLES

Mis dos horitas con Marta, en el mismo horario que los días anteriores, de 9:30 a 11:30.
“Arantxa se va a casa” y beso. MENTIRA. Arantxa se va al curso de cocina donde acabará comiendo algo porque después no le dará tiempo a pasar por casa.

Menos de una hora después de terminar en el curso de cocina tengo que estar recogiendo a J.L. en la residencia, esta vez no voy como mediadora sino como voluntaria. Sí, porque en mi vida no había suficiente sordoceguera . A las tres de la tarde del miércoles J.L. se monta en mi coche, llegados al destino solemos dar mil vueltas para aparcar, qué raro en Málaga. Caminamos hasta la cafetería de siempre para pedir el café de siempre que a veces paga él y a veces pago yo. Y después, momentazo de la semana, a la piscina.

J.L. es autónomo nadando. El voluntariado con él se basa sobre todo en el transporte ida y vuelta de la residencia a la piscina. De eso nada, no me iba a quedar yo una hora quieta pudiendo meterme en el agua con otros chavales. Así que aprovecho y hago una de las cosas que más me gusta, trabajar en el agua con (dis)capacidad, en este caso son afiliados de ONCE pero con otras (dis)capacidades añadidas. Increible.

Después, llevar a J.L. a la residencia, despedida eterna y a casa sobre las seis de la tarde.

(Bueno, el mes pasado hicimos un curso de Voluntariado y Sordoceguera, iba directa de la piscina y no llegaba a casa hasta la hora de cenar.)

JUEVES

Entro más tarde con Marta pero siempre con dos horas. “Arantxa se va a casa” y beso entrañable. Al entrar más tarde salgo más tarde y voy directa a comer para poder descansar hasta las cuatro.
La tarde del jueves es la misma que la del martes, copiar y pegar.

VIERNES

¡Qué gran día!

Marta y yo compartimos nuestras dos horas mañaneras y nos despedimos después de un ratito de colchoneta. “Arantxa se va a casa, buen fin de semana”, beso y abrazo modo “no te como porque me despiden”. De ahí a la ONCE a echar una horilla de curro donde suelo acabar reunida más de una hora porque no tengo tiempo el resto de la semana.

Aquí acaba mi jornada y mi semana laboral, pero como sabéis, no hay suficiente sordoceguera en mi vida.

Las tardes del viernes están dedicadas para el voluntariado (por llamarlo de alguna manera) con el teatro LosSinsentidos. Sí, es una cosa voluntaria, pero es más una reunión de amigos que se juntan para hacer algo que merezca la pena. Ya les di las gracias una vez en este blog y lo vuelvo a hacer. Sois geniales y me encanta poder formar parte de esta familia.

SABADO Y DOMINGO

Mejor para otro post...

Hasta aquí mi día a día. Si has llegado hasta el final de este aburrido escrito o me conoces y me quieres mucho o estás tan enganchad@ como yo a la sordoceguera.

Manos de J.L. y J.M


“Ojos que no ven, manos que sienten”





lunes, 25 de noviembre de 2013

Feliz no cumpleaños

Hace un año también era 25 de Noviembre.

Hace un año también hubo manifestaciones contra la violencia de género.

Hace un año me levanté en esta misma cama y cogí el mismo coche.

Hace un año Málaga olía a otoño y humedad, igual que hoy.

Hace un año salía temprano de casa, como ahora.

Hace un año todo era diferente, mi rumbo era diferente, mi día era diferente:

Estabas aquí y podías soplar las velas. Recuerdo tener la esperanza, unos días antes, de que las pudieras soplar en casa, pero las plaquetas nunca eran suficientes y tu cuerpo se debilitaba. Todos sabíamos que era tu último cumpleaños, incluso tú, pero disimulábamos tan bien.

¿Qué deseo pediste? Es difícil saberlo aunque algo me dice que no se cumplió.

Hasta hace un año pensaba que las despedidas antes de morir eran cosa de película y series de televisión. Pensaba que nunca iba a tener que ver a mi padre soplando las velas de su 56 cumpleaños en un hospital y deseándole a sus hijos que sean felices y que cuiden de su madre.

“Si tenéis hijos os deseo que sean como vosotros, los mejores”

Gracias por darme la vida y haber hecho lo posible para que yo pueda seguir cumpliendo años.

Estés donde estés, FELIZ NO CUMPLEAÑOS.

Te quiero



domingo, 24 de noviembre de 2013

Amor y cigarrillo eléctrico


Ella entra en la sala y se sienta casi sin cruzar palabra. De su cuello cuelga uno de esos cigarrillos eléctricos tan modernos, lo odia cuando la luz deja de encenderse y tiene que dar vueltas, nerviosa,  buscando a alguien que se lo recargue. Su espalda curvada y su pelo liso por debajo de los hombros hacen que parezca más bajita de lo que es. Al rato de estar sentada me saluda como si yo acabara de entrar. A veces pienso que si la observara de lejos, sin conocerla, me parecería una persona apática, aburrida de la vida y sin ilusión, qué equivocada estaría entonces.

Él aparece recién duchado, su cabello aún húmedo me deja intuir su champú. Ella lo mira, su rostro parece iluminarse como si de Amelie se tratara, sonríe. Él la mira y se acerca a ella, le besa, le dice “guapa”:

Él: Arantxa, ¿has visto qué guapa es? Yo siempre le digo que ella es muy guapa y yo muy feo para ella.

Ella escucha esas palabras con un dibujo en su cara, uno que podrías enseñar a un niño en infantil junto con otros mezclados para que te buscara el que corresponde a  “feliz”.

Recuerdo cuando los conocí. Era mi primer día con uno de mis usuarios de este año, un sordociego adulto con el que se trabaja en una residencia de personas con “discapacidad intelectual” (va entre comillas porque me gusta muy poco esta etiqueta). Mi compañera Chary me acompañaba para presentarme en el centro y contarme lo que se había trabajado en los últimos años, ya que yo iba a recoger su testigo. En un momento de descanso salimos al porche de la residencia. Allí estaban sentados, muy pegaditos, cada uno con su cigarrillo eléctrico, charlando de no recuerdo qué. Chary me los presentó: “esta es la pareja oficial del centro”. Desde el primer momento vi algo diferente en ellos.

A veces me doy cuenta que me inspiran cierta admiración y envidia. Son capaces de vivir juntos y con otras 60 personas más (no sé el número exacto…). Cuando se ven se dicen una palabra bonita, se sonríen, y se abrazan. Comparten amigos y experiencias cada día. Se respetan y cada uno se apunta a una actividad diferente donde encuentran su espacio. 

SE AMAN, por encima de la “discapacidad intelectual”, del centro donde viven o de esta sociedad.

¿Hay alguien que no quiera un amor así?




Con todo mi cariño para mi pareja favorita, que seguramente nunca lea estas palabras...

viernes, 16 de agosto de 2013

Parque acuático

“¿Habéis ido alguna vez a un parque acuático? Hay de muchos tipos pero todos muy parecidos. Lo normal es llegar, mirar qué atracción te apetece y elegir. La mayoría de la gente le teme a alguna de estas atracciones. Después de elegir haces cola mientras ves cómo la gente cae y oyes cómo gritan o ríen, se te pone ese pellizco de nervios en el estómago. Y después, cuando llega tu turno, te lanzas. Mi experiencia es bien distinta…

Llego un poco tarde y voy directo a donde me esperan los compañeros, mi guía me lleva a una cola de gente, tengo barras a ambos lados, por una de esas barras, a mi derecha, empiezan a saludarme los compañeros. Agarran mi mano y, letra a letra, se presentan: “H-O-L-A, Q-U-E  T-A-L  E-S-T-Á-S”. Me alegro tanto de verlos y de tener personas con las que comunicarme que empiezo a preguntarles cosas sin darme cuenta que la cola avanza. Mi guía me dice que ahora después nos saludamos todos. Sé que esta atracción es con rosco, lo toco, no sé nada más. Me explican que vamos todos juntos, mis amigos sordociegos y voluntarios del grupo de teatro “Los Sinsentidos”, que nos vamos a tirar por un río y a bajar con los roscos. ¿Os imagináis tiraros sin ver cómo de empinada es una cuesta o cuánta agua hay? Yo suelo preguntar si cubre pero nunca llego a saber con certeza qué hay al final del tobogán de agua. Los roscos me parecen divertidos, vamos unos enganchados a otros pero hay alguien que no conozco que nos lanza por una cuesta cuando estamos atascados.

No tengo miedo, me tiro allá donde me lleven. Probamos una nueva y hay varios voluntarios junto con mi mediadora intentando explicarme cómo debo sentarme. Me siento. “NO”, me dicen, no entiendo nada. “T-I-E-N-E-S  Q-U-E  T-U-M-B-A-R-T-E  C-O-N  L-A  C-A-B-E-Z-A  B-O-C-A  A-B-A-J-O”, me repiten una y otra vez en mi mano. Aunque entiendo lo que me dicen vuelvo a sentarme como en el resto de las atracciones, hay demasiada rampa y no entiendo qué me quieres decir. Me enseñan una colchoneta fina con asas y me explican que tengo que tumbarme boca abajo agarrando esas asas…ahora lo entiendo. Al parecer, este rato entre mis compañeros y yo nos ha llevado bastante tiempo, yo no lo sé porque no me lo dicen en ese momento, pero la atracción lleva un rato parada y  hay gente esperando que no entiende qué me pasa ni por qué me hablan en la mano.

Como he dicho, nunca sé lo que hay al final del tobogán, aunque algunos compañeros me esperan abajo para recogerme y acompañarme a salir de la piscina, estoy solo en el momento de la caída. Iba tan rápido que creo que bebí media piscina y al salir del agua no podía parar de reír y decir “he tragado todo el agua”. Algunos compañeros me contaron después que ellos también y creo que eso me hizo aún más gracia.

Antes de comer, vamos todos juntos a la piscina de olas. Voy con Arantxa como guía, que me lleva con el resto del grupo. Nadamos un rato juntos y nos hacemos ahogadillas. Me explica que ahora han puesto música y tenemos que bailar en el agua. No veo el ambiente, no oigo la música pero siento en movimiento en el agua, con las manos cogidas a Arantxa bailo sin parar. Poco después me dice que ahora toca hacer gimnasia, hay una monitora diciendo los movimientos que hay que repetir y yo los sigo en las manos de mi amiga, incluso cuando me hace que toque su pierna para que siga el movimiento con las mías, me resulta difícil por mi problema motriz pero dentro de la piscina puedo hacerlo.

Después de un día intenso, al volver a casa recuerdo cada gota de agua que he tocado, cada letra que me han escrito para hablarme en la mano, cada tobogán y, por supuesto, recuerdo a mis compañeros que me hacen vivir estas increíbles experiencias.”

He escrito esto como si fueran las palabras de uno de los sordociegos que vivieron este día con nosotros. Pero mi agradecimiento en primera persona a mi amigo Oskar y al grupo de teatro “Los SinSentidos” con el que colaboro desde que volví a Málaga.

Esta experiencia fue a principios de verano, un día en aqualand con personas sordociegas, sordas y oyentes. Gracias por darme estos momentos, gracias por demostrar que TODOS somos iguales y podemos hacer las mismas cosas. Hace tiempo que quiero hablaros de este grupo pero he estado muy perezosa y se merecen un buen post…prometo hacerlo.

Comunicación: Dactilológico en palma





miércoles, 10 de julio de 2013

Familia II

Me pregunta si me pasa algo, si estoy bien, “tienes la voz cogida”. Miento, le digo que no, “estoy bien”. Es difícil explicarle que sólo con escuchar sus voces vuelvo a sentirles cerca, tan cerca como si nunca me hubiera ido.

Desde que me fui de Alcañiz no hay día que no me acuerde de ellos. Alicia es una de las mejores casualidades que han pasado por mi vida y su familia una de las cosas más bonitas de esa casualidad. Ya os hablé de ellos, de su alegría y su cariño, de cómo te hace sentir el estar a su lado. Personas únicas en este mundo.

Cuando empecé a trabajar de mediadora me di cuenta bien pronto del cariño que les coges a los usuarios, niños y adultos con los que te relacionas cada día. Personas de las que aprendes mientas ves cómo avanzan. Recuerdo lo dura que fue mi primera despedida o “ruptura” (como lo llama mi madre). No podía mirar a Pedro sin llorar, llegas a sentir que son parte de ti y, cuando no están, te duele ese vacío como si se quedaran con ese trocito que les pertenece.

Un año después me encontré con Alicia, que se hizo su propio huequito. Sabes que de alguna manera le cogerás cariño a tu usuario, lo que no esperas es sentirte parte de su familia. Una familia que siempre me ha apoyado y jamás me ha presionado. Recuerdo cuando les llamé desde Málaga en verano, mi padre ya estaba bastante enfermo, me ofrecían una plaza en Sevilla para poder estar más cerca de mi familia. “Cógela Arantxa, es lo lógico, no te preocupes por nosotros”. Cuando llamé para decirles que había rechazado Sevilla y me volvía a Alcañiz un año más, la madre de Alicia no podía creerlo, entre lágrimas me preguntaba “por qué”. Pocos meses después nos sentamos en su casa a cenar y les comuniqué mi decisión de volver a Málaga porque a mi padre le habían dado un mes de vida como máximo. “Cualquier decisión que tomes será la correcta”.

Hoy hablamos por teléfono, hace meses que nos escribimos y al final no nos llamábamos. Sólo con descolgar ya me siento en casa. Tengo la sensación de estar en ese salón una vez más, hablando con los padres mientras Alicia me hace preguntas y Kiko me pide que juguemos a algo. Se me coge la garganta al oír a Alicia; “te echo de menos”, “echo de menos tus juegos de la wii”, “¿puedo ir hoy a Málaga?”.  Hablo con su madre sobre el curso que viene y qué pasará, aún no soy capaz de asumir el no volver, no puedo imaginarme sin trabajar con esa niña nunca más ni sin compartir las tardes en familia.

 Cada curso que acaba siempre la duda de qué hacer el siguiente. Pero, como dice esta madre tan sabia, “decida lo que decida será lo correcto”.


Os echo de menos, hoy y siempre.

Plaza de Alcañiz

P.D: Pongo la foto de la plaza porque me encantaría estar ahí esta misma tarde y porque me da un poco la gana...jeje.

domingo, 19 de mayo de 2013

La egoísta


Hace poco una buena amiga me dijo que en este momento de su vida no quería hacer voluntariado, que aunque pareciera muy egoísta por su parte ahora mismo tenía ganas de dedicarse a ella y no a los demás. A mí esto no me parece nada egoísta, todo lo contrario. Hay muchas personas que cuando les hablo de mi trabajo me dicen; “qué bonito”, “uff, qué difícil”, “hay que ser muy especial para trabajar en eso”, y cosas de este tipo. Si encima les dices que muchas de las veces trabajas por amor al arte, sin cobrar ni un duro y, en ocasiones, incluso poniendo pasta de tu bolsillo, parece que eres la mejor persona del mundo y que todo lo haces para los demás. Queridos amigos, no es así, al menos yo no lo veo así. Yo me siento muy egoísta, mucho más que mi amiga.

Cuando hago un voluntariado ayudo a una persona dependiente, sí, le aporto el apoyo necesario en ese momento, le acompaño, le explico el mundo que le rodea, juego, le regaño, un poco de todo dependiendo del caso… Eso es lo que yo le doy a los niños y adultos con los que trabajo, genial, debo ser maravillosa…¡¡ERROR!! ¿No me llevo nada? No cobro nada, es cierto, pero… ¿no gano nada? Afirmar esto sería una gran mentira.

Vamos a darle la vuelta a la tortilla. Soy una persona egoísta, necesito trabajar con los demás para sentirme mejor. Puede sonar fatal pero, en mi caso, es la cruda realidad. Sin ir más lejos, este último medio año ha sido horrible en mi vida pero, cada nueva actividad en la que participo me da fuerzas para seguir un poquito más y gracias a ello veo la vida de otra manera.

Así que quiero darles las  gracias a los usuarios de cada voluntariado en el que participo, esto es lo que yo me llevo de algunos de vosotros:


  • -          Un “Arantxa te quiero” al minuto de conocernos mientras nadamos juntas.
  • -          La  historia sobre tu vida que, por supuesto, ha sido mucho más difícil que la mía. Y que tus manos me cuentan con una tranquilidad que nunca tuve.
  • -          Un abrazo interminable entre lágrimas porque, un año más, se nos acaba el campamento.
  • -          Risas entre juegos de manos mientras andamos por el campo.
  • -          La felicidad infinita porque el agua corre por tu cara.
  • -          Unas cosquillas inesperadas por detrás.
  • -          La experiencia de caminar llevándote en mi brazo mientras tu perro guía descansa a nuestro lado.
  • -          Tu cariño diario y el de tu familia.
  • -          La sensación de ser alguien único en el mundo para ti.
  • -          Abrazos de barro y pintura entre manos que hablan.


Esto y muchas más cosas son las que vosotros me dais y, gracias a ello, he aprendido a esperar si es necesario, a ver siempre el lado menos malo de las cosas, a levantarme una y otra vez sin miedo de volver a caer. He comprendido que las palabras de este mundo no significan nada si no puedes vivirlas tú mismo. Me has enseñado a TOCAR LA VIDA.

¡Amigos, soy una egoísta y me encanta!

La egoísta en cuestión.


jueves, 9 de mayo de 2013

He Knows



Desde que nos conocemos te he sentado en mis rodillas cada día, al principio protestabas y mucho, llorabas y pataleabas. Yo empezaba a mover las piernas creando una vibración entre mi cuerpo y el tuyo. Eso te encantó y dejabas tu mundo para participar en el movimiento, soltándote y riendo. Paro con un golpe brusco al suelo y automáticamente te tocas la frente, ahí está tu mundo, así te sientes seguro. Después cojo tu mano derecha, toco mi pierna y, en tu cuerpo, te hago el signo “quiero” acompañado de mi voz “¿quieres más?”. Un segundo después vuelvo a repetir la vibración, parada brusca, “quiero”… Durante semanas.

Hoy es un día cualquiera, bueno no, es viernes. Voy a trabajar sin ganas porque me acompaña mi amiga “gripe” y, una vez más, te siento en mis rodillas. Empieza el tembleque que acompaña tu risa, paro con menos fuerza de la habitual porque la gripe puede con mis piernas. Espero un poco para ver tu reacción pero tus manos esta vez no van a la frente así que alargo el tiempo de espera. Esos ojazos parecen estar tramando algo… Segundos después me sorprendes buscando mi mano. Te enganchas del pulgar y la acercas hacia tu pecho, justo en el punto donde se inicia el signo “quiero”. Emocionada vuelvo a mover las rodillas con fuerza y ríes como nunca. Hoy no puede ser un día cualquiera.

Hoy SABES que con tus manos puedes decirme qué quieres, hoy tu mundo y el mío se han encontrado. Hoy, por primera vez, te has comunicado.

Aclaro:

Desde hace un par de meses trabajo de mediadora en Málaga con un niño de tres años, al que llamaremos Andrés. Nunca había llevado un caso de un usuario tan pequeñín y está siendo una experiencia muy especial. Lo que os cuento aquí es lo que vivimos el pasado viernes. Es el principio de un largo camino, pero ahora, como decían en la película sobre la vida de Hellen Keller (El Milagro de Ana Sullivan), HE KNOWS.





lunes, 22 de abril de 2013

Ojos de Cristal


Ojos de Cristal:

Me hablan de ti, de tus enfados y agresiones. Me dicen que les da miedo que me hagas daño en mi brazo operado, que eres tan fuerte cuando te enfadas que tienen que trabajar dos personas contigo por si pasa algo. Cuando te cojo las manos por primera vez lo hago con temor, signo mientras oyes mi voz, sonríes. Ahora voy a hablar yo de ti…

La vida no te dio ojos como a los demás. Al igual que los zapatos de cenicienta, tus ojos son de cristal. Un hada madrina con bata blanca te los fabricó. Parecen mirarme e incluso querer decirme algo. Se esconden en la noche como los demás y vuelven a salir bien temprano, hacia las seis de la mañana porque se aburren en la cama.

Nos ha tocado trabajar contigo en este campamento. Ana y yo pensamos que es todo un reto, las cosas que cuentan de ti asustan un poco, pero sabemos que nos tenemos la una a la otra y nos encanta afrontar la aventura. Desde el primer momento sentimos algo diferente en ti, algo que nadie había nombrado. Con sólo diez años, tus audífonos y esos ojos de cristal, tienes un control del espacio y de lo que te rodea que supera todo lo imaginable.

Escuchas nuestras voces mientras, agarrando tus manos, te signamos para conseguir una comunicación completa. Haces lo posible por expresar lo que quieres y hacerte entender. Muchas veces no comprendemos tus signos, pero no te rindes, la comunicación se convierte en un juego de preguntas para saber qué quieres contarnos, de esos en los que no hay pistas, sólo sí o no. Y cuando, finalmente, ganamos el juego, conectamos.

Te encanta la música, te sabes canciones que interpretamos por el ritmo. Con las manos haciendo el signo “música” nos pides que te cantemos y si no te gusta lo que entonamos nos lo haces saber. Aplaudes cuando acaba una canción.

Pides besos y abrazos. Al principio tememos que nos enganches el pelo pero es un miedo que desaparece con tu sonrisa. Me pides caricias en el pelo y cosquillas en las manos, es algo que soy incapaz de negarte.

Literalmente, no hay palabras para expresar todo lo que nos has hecho sentir a Ana y a mí. Sólo puedo decirte que aún siento tus manos en la piel de las mías, que anoche soñé con tu sonrisa y que esos ojos de cristal me han enamorado de por vida.

¡Gracias por todo!

(Y gracias a Ana por tu trabajo y tu amistad, no puedo imaginar una compañera mejor, de verdad)


Equipo de trabajo.
¡Gracias Ana!



jueves, 11 de abril de 2013

Dulce introducción al caos


Hay tanto que contar que no sé por dónde empezar. Llenar un papel en blanco a veces es demasiado difícil.

Lo primero disculparme con los cuatro lectores que sigan este blog por estar tan desconectada. Desde que escribí el día del padre me costó volver a retomar. Pero las semanas son muy productivas así que no tengo excusa, vamos al lío.

A principios de curso comenzaba mi tercer año en Alcañiz, un pueblo de Teruel del que ya os he dejado caer alguna información. Un sitio bonito, buenos amigos y el trabajo de mis sueños con la niña de mis ojos, Alicia (ya sabéis que los nombres no son los reales) y dos mujeres adultas una vez a la semana.

Entre Alicia y yo hay una complicidad total, conozco cada pequeño cambio de su expresión y soy capaz de interpretarlo, pero no siempre fue así. El primer año que trabajé con ella, superó tercero de infantil donde había conseguido socializarse con sus compañeros y olvidar algunas conductas “inadecuadas” adquiriendo las estrategias de comunicación necesarias. Después de aquello, primero de primaria parecía todo un reto; escaleras para ir al aula, cambio de tutora, pupitres más grandes donde pasar horas sentada, exámenes, etc. Pero, como siempre, nos sorprendió a todos, se adaptó con una facilidad pasmosa. Acabó el curso con casi todo sobresaliente, increíble.

A finales de este verano me llamaron para ofrecerme una plaza en Sevilla o volver a Alcañiz. Llevaba un tiempo pensando la posibilidad de quedarme en Andalucía ya que mi padre cada vez estaba peor de su enfermedad y vivir tan lejos era duro. Pero algo dentro de mí me hizo volver a ella, a Alicia, cogí las cajas que apenas me había dado tiempo a esconder por mi habitación y, una mudanza más, me planté en Alcañiz.

Este curso fue más corto de lo esperado, a principios de noviembre recibí varias llamadas de mi familia contándome los ingresos continuos de mi padre en el hospital, no podía hacer otra cosa que volver a Málaga. Creerme que no fue una decisión nada fácil. MI vida estaba allí, la mía como persona individual pero EL SER HUMANO ES UN SER SOCIAL. Nunca me hubiera perdonado a mí misma no estar con él en sus últimos momentos. A día de hoy creo que fue la mejor decisión que pude tomar porque, aun así, tan sólo dos semanas después de mi llegada mi padre se fue.

¿Por qué os cuento esto?  Dos razones:

Primera: porque cuando pongo las manos sobre el teclado, sinceramente, no tengo ni idea de lo que va a salir, y esto es lo que escupen hoy mis dedos.

Segunda: porque, desde que estoy en Málaga, vivo algunas experiencias que os voy a ir contando poco a poco y me gusta empezar por el principio del principio.

¡Bienvenidos al caos!

"Málaga te quiero y nunca te podré olvidar, y aunque me vaya a Hollywood, conmigo siempre estarás...en mi corazón"

Tabletom
La manquita




lunes, 1 de abril de 2013

Familia


Cuentan que en un pueblo del bajo Aragón turolense vive una familia rica, mas el secreto de su riqueza no está en sus posesiones ni dinero sino en su felicidad. Existe entre ellos una unión como no veréis jamás.

Los padres se enamoraron en un pueblo vecino, de su amor surgió el primer hijo. Kiko nació guapo y sano, su cara fiel reflejo de su padre. Años después tuvieron una hija, su niña. Alicia parecía tener la mirada perdida desde pequeña, tras muchos exámenes médicos le diagnosticaron una deficiencia visual y auditiva. Después de aquello pasaron seis años hasta que tuvieron el valor de traer al mundo al tercer hijo que siempre habían querido, porque si algo deseaba esta pareja enamorada era una familia numerosa. David es aún un bebé pero, con la misma cara que su hermano Kiko cuando nació y la misma sonrisa, ha traído a esta familia la pieza definitiva del puzle.

De esta historia no os contare las tristezas ni miedos, no sabréis lo duro que es para unos padres recibir una noticia como la de Alicia ni lo perdidos que se pueden llegar a encontrar. No os la puedo contar porque yo no vi eso jamás. Al llegar conocí a unos padres luchadores y dispuestos a dar su tiempo y su vida por sus hijos (entonces eran dos). Al principio los conocí en el colegio, el trato es más profesional. Aun así me pareció que cualquier palabra la anotaban y analizaban si podía ayudar a Alicia.

Con el tiempo se estrechó nuestra relación y me acogieron en su casa. Jamás había tenido esa sensación en una familia. Recuerdo que sentí ganas de llorar de la emoción. Alicia necesitaba atención y trabajo, sí, pero no por ello le quitaban tiempo a Kiko. Jugaban durante horas, hablaban y reían. Cenaban todos a las 8 porque Alicia se cansaba pronto y no iba a cenar sola.

Casi tres años después nada ha cambiado, ni siquiera con la llegada del baby. Acabo de volver de visitarlos y todavía me emocionan. Desde que me vine a Málaga echo mucho de menos trabajar como mediadora de Alicia, pero aún echo más de menos esa sensación de familia.

Cuentan que en un pueblo del bajo Aragón turolense vive una familia rica, mas el secreto de su riqueza no está en sus posesiones ni dinero sino en su felicidad. La mediadora que trabajó durante algunos años con su hija fue acogida como una más y siempre los lleva en su corazón.





martes, 19 de marzo de 2013

A mi padre


Ahora mismo me conoces mejor que nadie. Sabes mis secretos, cuando río o lloro y por qué. Puedes sentirme como antes te era imposible, ironías de esta realidad.

No puedo creer en cielos ni infiernos, no mientras te sienta a mi lado. En el coche, camino al trabajo,  vienes en el asiento del copiloto, por eso esquivo cada bache de la calzada y me disculpo contigo si se me escapa alguno, nunca te gustaron. Me dices que te gusta cómo conduzco igual que cuando te llevaba a la sesión de radio, y tú no le regalabas a nadie esos elogios en el coche. Escuchamos música juntos, es imposible que no estés.  A veces lloramos con versiones de trompetas a todo volumen. Me dices que no corra, que es una carretera peligrosa y levantas mi pie del acelerador para que no me reúna contigo.

Cada noche te encuentro en mi habitación, esperándome. A veces te siento tan cerca que duermo entre lágrimas. Una chica de 28 años que duerme con el peluche que un día le trajo su papá al hospital, me da tanto calor, gracias. Llegaste a aparecerme en mis sueños diciéndome que habías pedido un permiso en el cielo y lo vi muy normal. Si alguien puede conseguir ese tipo de recursos en lo más alto ese eres tú, seguro que harías un escrito redactado a la perfección.

Sé que quieres que vuelva a coger la trompeta y siga intentándolo, a veces me obligas a mirar el estuche abandonado en lo alto de mi armario. Aún me resulta muy duro. Desde que te fuiste ya no suena igual, es como si me faltara aire para llegar a esas notas que antes alcanzaba. Pero te prometo que, aunque tarde años, algún día podré tocarte un tema como te mereces.

Este año no cenaremos juntos por tu santo ni te regalaremos ningún disco nuevo para tu colección. Pero no vamos a olvidar que es tu día y sé que estás aquí celebrándolo conmigo, mientras escribo estas palabras, mientras me ves llorar.

Feliz día papá, te quiero.

Aún suena tu música en mis oidos


"SE ME CAE LA CASA DESDE QUE SE MARCHÓ, AHORA YA SÓLO ESPERO EL DERRIBO"

(Extremoduro)